domingo, agosto 20, 2006

El Cajon Peruano


Instrumentos: El Cajon Peruano

El Cajón Peruano, llamado por el Decimista (Autor de Décimas) peruano Don Nicomedes Santa Cruz, "Su Majestad, El Cajón", nace y florece como instrumento a principios del siglo XIV, en que el empleo de este instrumento se generaliza en la forma que actualmente lo conocemos.

Los pocos cronistas que han escrito acerca de la música peruana en tiempos de La fiesta de Amancaes, hablan de tambores, vihuelas y guitarras, e inclusive de "calabazas", pero aún no mencionaban al cajón. En esas épocas, existen variedades de ingeniosos instrumentos con los cuales el músico se acompañaba, hay "tamboretes" que utilizaban un pedazo cuadrado de madera cepillada, sobre cuatro soportes, y también los llamados tambores.
Estos eran hechos de troncos de árboles huecos y cortados de diferentes alturas, que se pulían y cubrían en uno y otro extremo, con piel de animales. Pancho Fierro en sus grabados costumbristas acerca de la zamacueca, y el lundero o lando, no representa ningún instrumento de percusión en esas épocas, por lo cual se presume que el uso del cajón se generaliza años mas tarde.
Al igual que la percusión, los ritmos peruanos de marcada influencia española van transformándose adoptando más elementos criollos y negros, y van tomando diferentes nombres, el Lando, o Lundero, el panalivio, el aguenieves, el payandé y el festejo, para luego dar origen a la zamacueca, que queda oficializada como baile nacional con el nombre de Marinera, en honor a la flota naval Peruana. Estos ritmos cobraron forma con la inclusión del cajón. Es así que el cajón se convierte, casi exclusiva y auténticamente en el instrumento peruano de percusión, por excelencia. El cajón peruano ahora es incluido en el estudio de los principales ritmos: Festejo, Lando, Zamacueca, Vals, Marinera y Panalivio.
El percusionista se sienta sobre el instrumento y lo toca en su cara frontal con las manos, o dedos, según el tipo de sonido que quiere lograr. El cajón es quien lleva la base rítmica en un conjunto musical, y es usual en la música negra, que el tema se vea interrumpido para darle espacio al cajonero para que haga un "solo de cajón".
Cuando hay más de un cajón, uno de ellos llevará la base rítmica, mientras que el otro adornara con matices sonoros, lo cual se denomina "florear". También se puede encontrar formas de contrapunto entre dos cajones, entrando en un diálogo de percusión, mientras alternan las funciones de ritmo base y repicador, o "hembra y macho". (INC 1978)
El cajón nace de o para la música negra Peruana, pero a principios de la década del 50 se incorpora a la marinera, tondero, el golpeáureo, y se incorpora incipientemente al vals en la década de los 60. Fué el popular "Gancho Arciniega", uno de los tañedores y primeros exponentes del cajón, quien lo incorpora al Vals, enriqueciendo esta forma musical, y transformando su carácter hacia un tono más festivo y sincopado.

Pero es en la década de los 70 en que el cajón se difunde ampliamente entre grupos de folklore negro y gracias a la destacada participación de agrupaciones como el Conjunto Nacional de Folklore, dirigido por Victoria Santa Cruz, y la conocida agrupación "Perú Negro", dirigido por Ronaldo Campos.
Más tarde, el cajón brilla como instrumento predilecto y necesario en practicamente toda manifestacion ¨criolla¨, y alcanza su apogeo en las épocas de Arturo Zambo Cavero.
A partir de esta época, todo conjunto musical criollo exhibe el trío inseparable de Guitarra, Voz, y cajón. (Quizás de ahí se origine la popular frase "de cajón", expresión muy criolla que se emplea por decir que algo es clarísimo o muy necesario, se dice "claro, de cajón".)

La Musica Criolla y sus representantes

LA MUSICA CRIOLLA Y SUS REPRESENTANTES
Remontándonos en la historia, concluiremos en que la música hecha por los negros es el antecedente principal del criollismo con títulos de autores anónimos como "La moza mala", "El alcatraz", "La zamacueca", esta última criticada duramente por el costumbrista Felipe Pardo y Aliaga al encontrarla vulgar e indecente, pero que más adelante derivaría en la peruanísima marinera.
Por los años de 1830 a 1844, la sociedad peruana estaba muy atareada en resolver grandes problemas en la recién instaurada república. Eran los años difíciles de la Confederación Peruano-Boliviana. No había tiempo para danzar, por lo que, según los cronistas, el vals recién entraría a mediados de siglo, luego del gobierno del Mariscal Ramón Castilla.
El vals vienés, muy de moda cuando llegó a los barrios populares limeños de la segunda mitad del siglo XIX, se convirtió en dichos lugares en valses-canción, a finales de la misma centuria. El criollo de ese entonces le volcó sus penas y alegrías, las cantaba y las bailaba. De esa forma, el valse tradicional comienza a tener arraigo popular, pues sus ideas melódicas están acordes con los sentimientos expresados en la letra.
En los albores del nuevo siglo surgen entonces nombres que harían relucir el cantar ciudadano. Aparecen Eduardo Montes y César Augusto Manrique en el distrito de los Barrios Altos; ellos son los primeros en grabar para la casa Columbia cerca de 195 discos de música peruana, todo un hito para esa época.
Alejandro Ayarza "Karamanduka" y su famoso valse "La Palizada" se dan a conocer por todo Lima. Eran los tiempos en que el músico no recibía un centavo por su trabajo. "El premio mayor era la sonrisa de una zamba o saborear la presa más grande de un caldo de gallina" -como dice Manuel Acosta Ojeda.
Músicos como José Bocanegra, bandurrista y guitarrista nos legan valiosas piezas de colección para el criollismo. Otros títulos como "Idolo" de Sancho Dávila, "Capulí " de Nicanor Casas, alcanzan mucha popularidad entre el público.
Como una centella aparece en el firmamento musical don Felipe Pinglo Alva, paradigma del criollismo de todos los tiempos, con sus letras plagadas de crónicas políticas de la crisis de la época. "El plebeyo", "El huerto de mi amada", "El espejo de mi vida" son algunas de sus más famosas composiciones. Para muchos, fue con Pinglo que la música criolla llegó a encumbrarse al máximo en el gusto de los limeños de esos tiempos.
Con el advenimiento de la radio se populariza mucho más el ritmo criollo. Algunos cronistas recuerdan que las emisoras radiales convocaban con fines de promoción a los más renombrados intérpretes del criollismo para que actúen en vivo. Según dicen, la aceptación del público era multitudinaria y los artistas disfrutaban directamente del calor popular.
Serafina Quinteras, la primera poetisa de la canción criolla con su "Muñeca Rota", Lorenzo Humberto Sotomayor y su vals "Corazón" y César Miró con "Todos vuelven" son los más "sonados" del criollismo.
En los años cincuenta, los puntos de reunión son los centros musicales como el "Felipe Pinglo Alva", el "Carlos Saco" en Barrios Altos, el "Ricardo Palma" en Surquillo, el "Valderrama" en el Rímac entre otros, dispersos, en ese entonces, en la aún creciente ciudad de Lima.
Era tanta la expectativa que los obreros y trabajadores ahorraban parte de su sueldo todo el año para poder celebrar el 31 de octubre como si se tratara de la festividad de Navidad o Año Nuevo. Narran los viejos criollos que, a pocos minutos de las doce de la noche, los grupos se apostaban a unos metros del centro musical para dar inicio a la serenata cuando fuera la medianoche, y para estrecharse en un cordial abrazo por tal memorable fecha.
Además, se organizaban caravanas en donde los directivos de los centros musicales se turnaban año a año la visita a los demás locales, sea en los barrios de La Victoria, Rímac, Barrios Altos, Lince, etc., terminando el recorrido en la madrugada al llegar a su respectivo centro musical, donde igualmente empezaba la jarana de "rompe y raja".
Al tema "La Flor de la Canela" de la limeñísima Chabuca Granda, hermosa pieza de colección que ha trascendido mundialmente, grabada en multiples idiomas por igual cantidad de artistas, se añade el gran desfile de memorables composiciones como "Madre" de Manuel Acosta Ojeda.
La Limeñita y Ascoy, Jorge Huirse, Eloísa Angulo, Teresa Velásquez, Manuel "Chato" Raygada, Alicia Maguiña, Augusto Polo Campos, José Escajadillo, Luis Aberlardo Núñez, Félix Pasache, la Reina y Señora de la Canción Criolla Jesús Vásquez, conforman una gama de intérpretes y compositores que eternamente perdurarán en el sentir del pueblo.
Nombres como Bartola, Lucha Reyes, Cecilia Barraza, Cecilia Bracamonte, Eva Ayllón, Andrés Soto, el guitarrista "Lucho" Gonzáles, Félix Casaverde, Susana Baca, Arturo "Zambo" Cavero, Lucía de La Cruz, Daniel "Kiri" Escobar, Julie Freundt han llevado el ritmo criollo por todo el orbe, recibiendo halagos y distinciones del público foráneo.
En la actualidad, los rincones en donde se va del torbellino de la modernidad con todo su alocado devenir hacia la brisa fresca y melodiosa de antaño, y donde se canta y se baila al ritmo de guitarra y cajón, sin importar la edad y condición social, son: el centro musical "Pedro Bocanegra", "Unión", "Barrios Altos", la peña de don Abelardo Vásquez "Don Porfiro" -donde los micrófonos y parlantes han quedado de lado para dar paso al sonido natural de las gargantas de los viejos y nuevos intérpretes-, "Breña", "La Valentina de Oro", la asociación cultural "Domingo Giuffra", entre otras.

(Texto y fotos cortesia de la Red Científica Peruana - RCP News)