sábado, octubre 21, 2006

La importancia de nuestras tradiciones

La importancia de nuestras tradiciones

El mes de octubre siempre ha tenido mucho significado para mí, no porque haya nacido un día de octubre sino porque me hace recordar mucho mi niñez y las tradiciones que en ese mes pude gozar, sentir y vivir cuando vivía en Perú. Hace varios años escribí algo al respecto que lo llamé "Que verde era mi valle", ya que contaba algunas anécdotas vividas por mí en mi antiguo barrio limeño. Dos años después lo cambié de nombre en homenaje a ese mes que tanto significa para mí, pero, sobretodo, para resaltar más a nuestras tradiciones, para que no se olviden ni vayan a desaparecer, como ya han desaparecido algunas de ellas.

Nuestras tradiciones es una de las mejores herencias que nos dejaron nuestros antepasados y que podemos dejarle a las generaciones futuras. A través de ellas mostramos las costumbres, creencias, manera de pensar y valores del pueblo peruano. Ellas nos identifican como peruanos.

A pesar de ser importantes en la vida de un pueblo, muchos peruanos conocen nuestras tradiciones tan sólo gracias a los escritos de Ricardo Palma o las pinturas de Pancho Fierro. En muchos casos están olvidadas o son del todo desconocidas, por ello el rescate de nuestras tradiciones tiene gran valor para quienes amamos lo nuestro.

Un país sin tradiciones es un país que perderá fácilmente su idiosincracia e identificación. Nuestros bardos criollos siempre han tenido muy presente la importancia de las tradiciones en el pueblo. El gran Oscar Avilés dijo una vez lo siguiente: "El día que las tradiciones se pierdan totalmente, se habrá perdido la identidad peruana."

El compositor Lorenzo Humberto Sotomayor, en su vals "Lima de mis Amores", nombra a las tradiciones, a Ricardo Palma y al poeta José Gálvez... "Lima de mis amores, aquí tienes tu canto / en la voz de un limeño que te ama de verdad, / que conoce con Palma tus bellas tradiciones / y recuerda con Gálvez la Lima que se va."

César Miró y Filomeno Ormeño, nombran a la tradicional procesión de la Virgen del Carmen en su vals "Se va la paloma". Nuestra Chabuca Granda nombra a la desaparecida "Fiesta de Amancaes" en su vals "José Antonio". Una fiesta costumbrista que formaba parte de las tradiciones de la ciudad de Lima y que se llevaba a cabo en la Pampa de Amancaes, en el tradicional distrito del Rímac. Hoy en día el amancay ha desaparecido por completo del Rímac y la Pampa de Amancaes queda sólo en el recuerdo y en la letra de algunas canciones criollas que la mencionan.

Don Mario Cavagnaro habla sobre la tradicional procesión del Señor de los Milagros en su vals "Lima de Octubre". Manuel Raygada describe a la tradicional Lima criolla en su vals "Acuarela Criolla". Alicia Maguiña nos relata a los pregones en el vals "Viva el Perú y Sereno"... "A las seis es la lechera / y a las siete la tisanera, catay, / a las ocho el bizcocho, chumay, / a las nueve el sanguito, compay, / a las diez los jazmines sí / ¿Muchachita no hueles ya? / a las once la chicha catay, / a las doce el sereno chumay / ¡Ave María Purísima! / ¡Viva el Perú y Sereno! ".

Así como los ejemplos antes mencionados, hay más que nos han dejado nuestros bardos para hacernos entender, comprender y tomar conciencia, de lo importante que son las tradiciones para un país. Hay que tener presente que incentivando la educación, los valores morales y el amor por nuestra cultura, costumbres y tradiciones es una manera de sacar adelante al Perú, puesto que estamos enseñando a amarlo.

El mes de octubre está lleno de tradiciones, por ello es un mes muy significativo para los peruanos, siendo el deber de nuestras autoridades y todo grupo, entidad u organización cultural, el difundirlas e inculcarlas en el pueblo para que se sigan transmitiendo de generación en generación y no se pierda la identidad peruana.


Dario Mejia
Melbourne, Australia
dariomejia999@yahoo.com.au

Octubre Mes de Tradiciones

OCTUBRE, MES DE TRADICIONES

No hay país en el mundo que tenga tantas tradiciones juntas en un mes, como las tenemos en el mes de octubre en el Perú.

Octubre, mes de tradiciones en el Perú, trae muchos recuerdos a mi mente. Este mes se caracteriza por ser el mes del Señor de los Milagros, mes de toros, mes de los turrones, de la mazamorra morada, de la canción criolla y también de los terremotos. Esto último se debe a que, casualmente, han ocurrido algunos terremotos en el mes de Octubre y por ser este mes muy significativo para los peruanos, el temor popular empezó a relacionarlo como mes de terremotos. Recuerdo que en el terremoto de Octubre del 74, me encontraba durmiendo cuando empezó el terremoto. En ese entonces vivía en una quinta donde al fondo teníamos un cuarto mis 3 hermanos y yo. El movimiento telúrico despertó a uno de mis hermanos y a mí haciéndonos correr hacia la puerta, desde donde podíamor ver como los demás vecinos y mis padres estaban en medio del patio de la quinta llorando muy asustados. “Salgan del cuarto” nos gritaban... pero mi hermano y yo no nos movíamos de la puerta... y no era porque estábamos petrificados de miedo, sino porque estábamos tan sólo en calzoncillos. La Procesión del Señor de los Milagros es una tradición y creencia religiosa peruana de más de 300 años. La imagen del Cristo de Pachacamilla es sacada en andas y la procesión recorre las calles de Lima durante varios días en el mes de octubre, siendo cientos de miles los que acompañan al Cristo Moreno, habiéndose convertido en una de las manifestaciones religiosas más grandes del mundo.

Octubre es conocido también como el "Mes Morado" ya que, especialmente en la ciudad de Lima, calles, casas y muchos lugares públicos son adornados con banderas y pancartas de dicho color. Muchas personas se visten con hábitos de color morado también, otros llevan una corbata o una cinta morada acompañada de un detente en el pecho y las camisetas del Alianza Lima, uno de los equipos más populares del Perú, se tiñen de morado durante todo el mes de octubre. Una vela de color morado es prendida en muchas casas en señal de homenaje a nuestro Cristo Moreno o Cristo de Pachacamilla.

Desde que tuve uso de razón hasta que me mudé de barrio pude apreciar la imagen del Señor desde muy cerca, ya que el primer barrio popular que el Señor visitaba en su recorrido anual era los Barrios Altos, en Lima, lugar donde nací. Si muy bien el Señor no entraba a mi calle, al menos pasaba por la esquina y echando una mirada de reojo hacia mi barrio me decía: “ya te vi... deja de hacer diabluras”. La Plaza de Acho de Lima se viste de gala a fines de octubre ya que se da inicio a la feria taurina más importante de Sudamérica, donde toreros de diversas nacionalidades se disputan el Escapulario de Oro del Señor de los Milagros. Entre orejas y rabos es el público el que decide, con pañuelo blanco al aire, quien es el que ofreció la mejor faena en las tardes taurinas, haciéndolo ganador de tan disputado Escapulario.

No es que sea un taurófilo, pero de niño me alegraba mucho cuando llegaba la temporada de toros. Es que mi antiguo barrio está ubicado a una distancia no muy lejana de la Plaza de Acho y como casi nadie tenía carro en mi antiguo barrio, entonces la calle se llenaba con los carros de los que asistían a las corridas de toros. Recuerdo muy bien que a todo aquel que tenía carro le decía “Mister”, con tal de que me permitiera que le cuide el carro... esa fue la primera palabra en inglés que aprendí. ¡Cómo olvidar el sabor de los turrones de Doña Pepa!... Exquisito manjar que fue inventado por Doña Josefa Marmanillo, una mujer que vivía en un fundo algodonero en el Valle de Cañete y a quien todos, cariñosamente, la llamaban con el sobrenombre de “Doña Pepa”. Ella era una esclava que fue libertada por sufrir de una parálisis a los brazos y manos, pero que debido a su fe en el Cristo Morado se sanó mientras le imploraba por ayuda. En agradecimiento al Señor, elaboró un dulce muy delicioso al que todos en el Perú conocemos como el “Turrón de Doña Pepa”.

Un personaje de mi infancia viene a mi memoria: “El Moqueguano” o “Moque”, como también lo llamábamos en los Barrios Altos. Moque recorría los colegios de los Barrios Altos vendiendo alfajores, y también turrones cuando llegaba octubre. Moque cargaba sus alfajores en una caja de madera con asa que él mismo construyó y allí estaba a la salida del colegio, vendiendo o cobrando a los que le fiaba. Su clásica adivinanza era lo que atraía mucho a los escolares. Nunca pude acertar la cantidad de monedas que cogía en su mano y que uno tenía que adivinar para ganarse un alfajor gratis. Pienso que el Moqueguano es una tradición olvidada ya que no se le ha hecho justicia en nombrarlo en las tradiciones limeñas, como se ha nombrado al vendedor de Revolución Caliente o al Molientero. En uno de mis viajes a Perú y visitando mi antiguo barrio, pude volver a ver otra vez a Moque con su caminar rápido dirigiéndose, como siempre, a algún colegio a esperar la salida de los escolares. La mazamorra morada es un postre infaltable en toda mesa limeña durante el mes de octubre. ¿Qué peruano no habrá comido alguna vez un combinado de arroz con leche y mazamorra morada en “los agachados”?... Creo que eso forma parte de las tradiciones limeñas y de una Lima antigua y mazamorrera que cada vez se va modernizando más.

La historia de Lima conserva el nombre de una de sus más célebres mazamorreras: “Ña Aguedita”. Manuel Atanasio Fuentes, en 1866, contó que Ña Aguedita era una de las tres fresqueras que, antaño, vendía en el Portal de Escribanos, en la Plaza de Armas de Lima, y que era célebre por sus frescos, mazamorra y champús. Por la mañana, Ña Aguedita vendía frescos, y por la noche vendía mazamorra morada y champús de agrio y de leche. Durante las noches, era difícil conseguir un asiento en las bancas donde se sentaban los comensales que buscaban los sabrosos dulces de Ña Aguedita. Esas bancas recibían a lo más notable de la población de Lima y a parejas de enamorados y matrimonios que a base de esos deliciosos dulces conquistaban el paladar, y el corazón, del ser amado.
“Quiero, vida, que comprendas / que nuestro cariño / es tan puro como el alma / de inocente niño; / que yo soy sólo de ti, / que tú eres para mí / la vida, la luz y el amor”... Qué hermoso vals peruano de Erasmo Díaz, interpretado por el Zambo Cavero, “Sincera Confesión”. Por ser octubre el mes de la canción criolla, me gusta recordar y escribirle a mi Lima criolla y jaranera, especialmente al barrio donde nací y viví muchos años. Los Barrios Altos de Lima, barrio antiguo, pilar del criollismo y uno de los más tradicionales de Lima, era famoso por sus peñas y jaranas criollas. En los Barrios Altos no faltaba una voz melodiosa que, al son de alguna guitarra y un cajón, entonara los valses de Felipe Pinglo, Chabuca Granda, Félix Pasache, Mario Cavagnaro o Augusto Polo Campos. Los viernes y sábados eran netamente criollos en Los Barrios Altos, aunque cuando se trataba de entonar un vals peruano, cualquier día de la semana era igualmente bueno. Esos valses que hacen cantar y bailar a los árboles y las bancas de la Plaza de Barranco y que los fines de semana despierta a nuestra Chabuca, llevándola a bailar desde la Alameda hasta su Puente de los Suspiros. Valses que llenaban el restaurante Rosita Ríos en el Rímac, la Peña Felipe Pinglo en el Cercado de Lima, La Valentina en la Victoria o los Callejones de las calles Suspiro, Las Carrozas, Mercedarias y Cinco Esquinas en los Barrios Altos; lugares que eran los sitios predilectos de todo buen criollo, quien después de unos tragos y escuchar unas canciones se volvía hasta músico agarrando un par de cucharas y siguiendo el ritmo de las guitarras y el cajón entonar a voz llena “Alma, Corazón y Vida”, “Anita”, “Cuando llora mi guitarra”, “El Huerto de mi Amada”, “El Plebeyo”, “Idolo”, “Mechita”, “Mi Perú”, “Nuestro Secreto”, “Todos Vuelven” o esa especie de himno que tenemos los peruanos que se llama “La Flor de la Canela”. Valses de antaño, que se idolatran como si fuese devoción a la procesión del Señor de los Milagros y que hacen bailar al Señor con la Virgen en su anda, ante los “¡Olé!” de una Plaza de Acho rebozante de un público ávido de toros y escapularios. Valses que llevan el aroma de los picarones y los anticuchos de los puestos ambulantes de las noches en el Rímac, La Victoria o los Barrios Altos y que hacen que San Martín de Porres se quiera escapar de la iglesia para zapatear una jarana con Santa Rosa de Lima. Valses que llegan al alma y que tienen el gusto de la mazamorra morada y el salero de la gente morena de La Victoria y el Rímac, haciendo bailar al hombre como si fuese un “Caballero de Fina Estampa”... llevándolo después a un “Rompe y Raja” con su pareja... refrescando el ambiente como si fuese una “Brisa del Titicaca”... despertando la gracia y belleza de la mujer limeña que hace que el hombre porfíe por ganar, como buen “Don Porfirio”... terminando luego cantándolos a voz llena en el “Sachún”. Valses que nos hacen cantar... y una lágrima soltar, cuando se escuchan a la distancia, ya que nos hacen recordar lo grande y maravilloso que es nuestro Perú y sus tradiciones.

Dario Mejia
Melboune, Australia
dariomejia999@yahoo.com.au