viernes, noviembre 24, 2006

Palmero sube a la Palma

Palmero sube a la Palma

Durante el siglo XIX, el baile del pueblo en nuestra ciudad capital, Lima, fue la zamacueca. Aunque se le conoció también con diversos nombres, muchos le seguían llamando zamacueca al terminar el siglo XIX, a pesar de que Abelardo Gamarra ya le había cambiado de nombre en 1879, poniéndole el nombre con el que se le conoce hasta nuestros días, "Marinera".
La todavía permanencia del nombre se puede apreciar en lo que Carlos Prince en su obra "Fiestas Religiosas y Profanas", Lima 1890, nos cuenta: "la zamacueca conservando siempre su índole y el genio de su música, ha sufrido varias denominaciones, como por ejemplo: maisito, ecuador, zanguaraña, chilena y últimamente marinera". En 1897, Camille Pradier Fodéré también la llama zamacueca en su libro "Lima y sus alrededores", publicado en París y en francés.
La popularidad de la zamacueca es resaltada por Manuel Atanasio Fuentes en su libro "Lima. Apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres", París 1866 (en francés), 1867 (en castellano), cuando refiriéndose a las visitas a Amancaes nos cuenta: "En la pampa existen varios ranchos o barracas cuyos dueños venden comestibles y licores; allí se encuentran algunos arpistas y guitarristas que improvisaban bailes, no se conoce polkas ni mazurcas sino 'zamacueca'. La 'zamacueca' ha sido el baile nacional más eminentemente popular; hoy que se galopa, la polka y el vals tempestuoso han lanzado de los aristocráticos salones al 'minué', el 'ondú' y a la 'cachucha', bailes favoritos de nuestros padres, la 'zamacueca' se ha visto condenada a aparecer de vez en cuando en las íntimas reuniones de familia, para ejercer únicamente su dominio en casa del obrero, en la de mujer de vida alegre y en las cabañas de Amancaes". Fuentes también señala que la plebe dio a la zamacueca el nombre de "polka de cajón".
Pero a mediados del siglo XIX, nuestra zamacueca había logrado ingresar ya a los salones elegantes y teatros bailándose, incluso, en toda función teatral y conciertos la "zamacueca teatral". Por esa época se le llamaba también "zambacueca", como se puede apreciar en la edición No. 3764 del 30 de enero de 1852 del periódico "El Comercio" de Lima, donde se comenta sobre un baile de máscaras que se realizó en el Teatro de Variedades de la Calle de Espaderos, actual quinta cuadra del Jr. de la Unión, y entre otras cosas dice que unas doscientas personas bailaron hasta la zambacueca. Claro que también se comenta que hubo cena, brindis y abundancia de trompadas en los bandos de diferentes naciones allí reunidos. Su entrada en Chile Por muchos años ha habido cierta controversia, entre Perú y Chile, por la nacionalidad de la zamacueca. En un interesante ensayo de Barahona Vega sobre "La zamacueca y la rosa" publicado en la Revista de Derecho, Historia y Letras de Buenos Aires de 1911, se dan datos reveladores del primitivo origen peruano, señala José Gálvez en su artículo "La Marinera" del año 1944. Fernando Romero, en su artículo "La Evolución de La Marinera" publicado por la Revista del Instituto Peruano Norteamericano, Lima 1944, dice rotundamente: "Todo está a favor de quienes sostienen la peruanidad de la zamacueca". Romero sustenta la nacionalidad peruana con datos estadísticos e históricos.
Su ingreso a Chile fue en 1824 a través de negros de la banda del batallón No. 4 del ejército chileno cuando éstos, que estuvieron en Perú, regresaron a Chile. Pero no llegaron solos sino que con ellos viajó el compositor de nuestro himno nacional José Bernardo Alcedo, quien fue contratado por el ejército chileno para que enseñe y dirija la banda militar chilena; siendo el músico y escritor chileno José Zapiola quien la popularizó en Chile. José Zapiola reconoce que fue en el período 1824-1825 en que la zamacueca entró a Chile, el tiempo en que Bernardo Alcedo estuvo allí, como lo relata en su libro "Recuerdos de treinta años" editado en Chile en 1872, donde dice: "Al salir yo en mi segundo viaje a la República Argentina, en mayo de 1824, no se conocía este baile. A mi vuelta en 1825, ya me encontré con esta novedad. Desde entonces, Lima nos proveía de sus innumerables y variadas zamacuecas, notables o ingeniosas por la música que inútilmente tratan de imitarse entre nosotros.
La especialidad de aquella música consiste particularmente en el ritmo y colocación de los acentos, propios de ella, cuyo carácter nos es desconocido, porque no puede escribirse en las figuras comunes de la música". De lo que cuenta Zapiola en su libro, se desprende que los chilenos encontraron muy difícil el poder imitar la zamacueca que les llegó de Lima. Tampoco pudieron imitar, completamente, el baile que impuso una zambita limeña, a quien llamaban "La Monona", y tres beldades del Rímac ante quienes el pueblo chileno se rindió abriéndoles las puertas de los salones más elegantes y aristocráticos de Santiago. La Monona Durante la década de los años 20 del siglo XIX llegó a Chile, en misión diplomática, el Ministro peruano José de Rivadeneyra y Tejada junto a su familia, llevando con ellos a una mucama cuyo apodo era "La Monona". A "La Monona" le gustaba ir a bailar a las "ramadas" que eran unos lugares de diversión en Santiago, pero no se sabe porque razón la zambita aquella termina abandonando a sus amos. Los historiadores chilenos Benjamín Vicuña Mackenna y Pablo Garrido reconocen que fue "La Monona" quien introdujo en Chile el revoloteo de pañuelo al bailar la zamacueca. Vicuña Mackenna cuenta que en 1830 "La Monona" hace las delicias del "Parral de Gómez", famosa "ramada" o "chingana" de Santiago. Gonzalo Toledo, en "El Comercio" del 9 de agosto de 1994, refiriéndose a "La Monona" dice: "Hay quienes sostienen que fue la primera que introdujo en Chile el revoloteo de pañuelo y sus admiradores gozaban a plenitud viendo su cara bonita, sus desplantes muy artísticos, el bamboleo de su cuerpo, el cimbrear de sus caderas y el original desplazamiento de sus piernas con singular repique de punta y talón". "La Monona", zambita limeña, es señalada por Barahona Vega como la gran maestra de la zamacueca, al punto de haber suscitado edictos excomulgatorios del obispo Don Manuel Vicuña, es lo que cuenta José Gálvez en 1944, añadiendo nuestro insigne poeta lo siguiente: "Ocurrió, sí, que la zambacueca perdió la cabeza en Chile y se llamó cueca, la cola en la Argentina quedándose en zamba y aquí, con tanto movimiento perdió una letra y se denominó zamacueca".
El Baile Nacional Según Abelardo Gamarra y José Gálvez, a la zamacueca la empiezan a llamar chilena durante el período de acercamiento diplomático entre Perú y Chile, a inicios de la década de 1840. Los militares chilenos, tropas invasoras de la Restauración, trajeron de regreso a Lima a nuestra zamacueca, con ligeras variantes, así que la empezaron a llamar chilena en los ambientes militares. Pero Abelardo Gamarra "El Tunante" logra hacer desaparecer aquel nombre bautizando a nuestro baile nacional con el nombre de "Marinera". Abelardo Gamarra en su artículo "El Baile Nacional" del libro "Rasgos de Pluma", Lima 1899, cuenta el origen del nuevo nombre: "El baile popular de nuestro tiempo se conoce con diferentes nombres: se le llama tondero, moza mala, resbalosa, baile de tierra, zajuriana y hasta el año 79 era más generalizado llamarlo chilena: fuimos nosotros los que una vez declarada la guerra entre el Perú y Chile creímos impropio mantener en boca del pueblo y en sus momentos de expansión semejante título; y sin acuerdo de ningún consejo de Ministros, y después de meditar en el presente título, resolvimos sustituir el nombre de chilena por el de marinera; tanto por que en aquel entonces la marina peruana llamaba la atención del mundo entero, y el pueblo se hallaba vivamente preocupado por las heroicidades del Huáscar, cuanto por que el balance, movimiento de popa, etc. etc., de una nave gallarda, dice mucho con el contoneo y lisura de quien sabe bailar, como se debe, el baile nacional.
Marinera le pusimos, y marinera se quedó: por supuesto que por entonces, y para que la semilla fructificara, lanzamos no pocas letras picarescas a las que ponían música esos maestros incógnitos que no se sabe donde viven, pero que nos sorprenden con sus músicas deliciosas. (...) Al son de este canto sucumbió la chilena y se levantó gallarda, como la bandera del Huáscar, la marinera, para llegar a ser arriada probablemente con mucha dificultad. El pueblo le ha tomado cariño, y lo que el pueblo quiere, lo consagra con su bendición inmortal." Como dijo "El Tunante", marinera se quedó y así se le conoce hasta nuestros días con sus diferentes variantes geográficas: arequipeña, cajamarquina, cusqueña, puneña, limeña o norteña, siendo la norteña y la limeña las más conocidas y practicadas, aunque la difusión de la marinera limeña ha decaído tremendamente desde que las radios, en sus programas de música criolla, empezaron a relegarla para el final de sus programas. A la marinera limeña se le llama también "Jarana Limeña".
Eudocio Carrera Vergara, quien vivió esas jaranas de fines de los 1800's e inicios de 1900's, al igual que los cambios que fue experimentado nuestra música, bailes y costumbres, cuenta y describe con lujo de detalles, y coplas, como es una verdadera jarana. Ello lo hace en su libro "La Lima Criolla de 1900", edición corregida y aumentada, Lima 1954, donde él también aclara a que se refiere el dicho "No hay primera sin segunda".
El dicho aquel no se refiere a que una marinera se toque dos veces o a que, como muchos suelen hacerlo, luego de la marinera y a la voz de "no hay primera sin segunda" se pase a la resbalosa. Ello era muy criticado por Don Eudocio Carrera Vergara ya que se estaba tergiversando la manera como se cantaba una jarana criolla auténtica. Según él, dos han sido siempre las marineras reglamentarias y no hay porque comerse una, así porque si. "No hay primera sin segunda" se refiere a ello en forma sentenciosa, es decir que esa segunda tiene que ser, si o si, otra marinera. La resbalosa sigue en tercer lugar, como muere de una buena jarana, y ésta debe ser bailada tres veces seguidas. De allí se desprende también aquel dicho "de cinco, tres" que en otras palabras significa que en la jarana, de cinco bailes tres son de la resbalosa. Si muy bien son menos los intérpretes que conocen la marinera limeña, hay una buena cantidad de gente joven que está aprendiéndola, fue lo que me manifestó Don Oscar Avilés cuando lo entrevisté en el 2004, desde Australia, por cumplir él 80 años. Resulta meritoria, y debemos apoyar, la labor de difusión que están realizando, desde hace algún tiempo, diversas agrupaciones, centros musicales y peñas, por dar a conocer más la marinera limeña; como es el caso de la Peña Don Porfirio que los últimos viernes de cada mes realiza un encuentro de Marinera Limeña solamente. ¡Palmero! sube a la palma ¡ay sí! / ¡ayayay! y dile a la palmerita. / Morenita que se asome / a la ventana ¡ay sí! / ¡ayayay! que mi amor la solicita / ¡ayayay! palmero sube a la palma...

Dario Mejia
Melbourne, Australia
dariomejia999@yahoo.com.au

4 comentarios:

Christian dijo...

Estimado: soy chileno y me interesa muchísimo la música peruana.

Muy interesantes tus comentarios y sobretodo el tipo de fuentes que citas, que sobre este tema no son las más conocidas. Creo que sería bueno, no obstante, problematizar más lo del carácter 'nacional' de la música criolla. Hoy en día está puesto en duda lo "auéntico" de lo nacional.

Saludos desde Madrid
Christian

Bernardo dijo...

Lo felicito sobre su investigación y dicertación, aunque un poco resumida. Le agradecería si pudiera hacer una nota sobre los yaravies. Soy Arequipeño, se muy poco sobre el origen, quisiera saber si es cierto que el jarawi, que era el canto de los arequipeños indígenas, ya era tan poético y tan emotivo en ese entonces, o si Mariano Melgar fué el que puso esa letra poética.

gonzalojk7 dijo...

bueno soy willy jk7 yo amo todo lo relcionado a musica peruana y este articulo me a llenado de dicha por lo que llevamos consigo el amor a lo nuestro le agradezco de corazon mi pregunta es que es sacarandoza por favor gracias

gonzalojk7 dijo...

gracias por el comentario